Biografía

“Yo tenía un buen amigo, un gran amigo, que por una operación en la cabeza debía estar en cama 24 horas por día. Como era muy inquieto, para el estar en cama todo el día era la muerte total. Hablaba muy bien, entendía perfectamente, era tan lúcido como vos y yo, que, bueno, después de todo no es tanto.

“El vivía en San Fernando; yo en Retiro. Lo iba a ver, por lo menos, cuatro veces por semana, porque el conmigo se divertía mucho. Yo, gran amigo, verlo a el tirado en la cama… Un día, mi amigo, que se llamaba Sixto, me contó que estaba atendiendo su perro con un veterinario que, me decía, “nos cobra que parece Favaloro: una barbaridad”, y me da unas características del veterinario. Entonces yo le digo a la esposa de mi amigo que me de el teléfono del veterinario.”

“De haber podido hablar en con el veterinario ese momento, cosa que no pude porque ese día no atendía, todo lo que hubiese escuchado mi amigo era lo que yo le decía al veterinario; lo que el veterinario me contestase a mí quedaba en mi oído. Entonces desde mi casa lo llamé aprovechando un regalo que me habían hecho días antes: un aparato que se pega con una sopapa al auricular, un chupetito y que puede conectarse a un grabador”

“Al día siguiente le llevé la grabación a Sixto y como él de la enfermedad no quería ni soñar, te decía “mirá la grabación que hizo mi amigo”. Esto le sirvió para hablar de otras cosas. Entonces así surgió hacer otro llamado y después otro…”

Así comienza la historia de este personaje porteño, este personaje que hasta hace no mucho era una incógnita. En reuniones, colegios y oficinas llegaban cintas grabadas con una voz inconfundible que sacaba de quicio a miles de interlocutores. Todo aquel que escuchaba una llamada preguntaba con una sonrisa “-Quien es?”. Algunos afirmaban que se trataba de Juan Carlos Mesa, otros que era un millonario excéntrico y solitario, la cuestión es que día a día, sin saber el origen, aparecían nuevas grabaciones, nuevas situaciones absurdas y delirantes como así también algunas palabritas un poco fuera de tono responsables de hacernos morder el labio inferior y soltarnos carcajadas al escucharlas.

El primer llamado se remonta al año 1962 para su amigo Sixto, el creador de Tarufeti por decirlo de alguna manera, pero tiempo después Tangalanga siguió con sus llamados:

“Cuando murió mi amigo para el que yo hacía las grabaciones, el murió en el 64, yo habré hecho grabaciones desde mediados del 62, cuando murió yo dije “Ahora para que carajo voy a seguir grabando si mi amigo no está mas!” y paré. Pero en el año 80, 16 años después, yo me caché una hepatitis violenta y tuve que estar en cama como 70 días. La primera semana me sentí muerto, muy tirado, la segunda semana ya estaba bien pero igual tenía que seguir en la cama. A los diez días de estar convaleciente mis amigos empezaron a hincharme para que volviese a hacer esos llamados, me traían avisos de los diarios y ahí empezé a llamar de nuevo. Todos estos llamados se dieron manija en el 85 cuando se inventó la doble casetera, ahí se empezaron a copiar”

Hasta el momento se llevan contabilizadas poco mas de 1200 llamados, mas de 75 apellidos, unos cuantos casetes, compact disc y dos libros además de los llamados que día a día le piden fanáticos, amigos y conocidos.

Tangalanga nació en el año 1916 en Capital Federal muy cerca del Congreso, el menor de ocho hermanos y el Benjamín de la familia, según cuenta.
” De pibe era jodido, yo tenía el pelo colorado, mucho pelo y muy colorado, me llamaban cabeza de tuco, fósforo, cabeza de fósforo, en fin, todo relacionado con el pelo. Y de chico… si.. era jodido, se me ocurrían cosas insólitas. Por ejemplo en el colegio como yo tenía muy buena letra anotaba en el pizarrón, en sexto grado, a los que llegaban tarde, y por ahí ponía, Rodriguez, Falsioni, Antoni, Puto y venía el maestro.. ” a ver quien llegó tarde?” y leía todo eso!! -Alumno! Le dije veinte veces!! Donde yo le respondía -Señor es la última… por hoy…

“Yo vivía en una casa que tenía un patio y en la parte de arriba un departamento de dos habitaciones. Yo tendría 7 años y un matrimonio, con la mujer embarazada, lo alquila, y adentro de la mujer embarazada venía mi mujer. Nora, mi mujer, nació en mi casa. Y después cuando ella tenía 6 años y yo trece se mudaron, pero quedaron en buena relación con mi vieja y venían seguido a casa. Cuando yo tenía 25 y ella 18 nos casamos. Me acuerdo el calor que me dio cuando en el registro civil el juez dijo: “que pase el padre de la menor” me sentí un degenerado!”

Ya mas grande comenzó a trabajar con sus hermanos en un taller de calzado, tiempo después de haber estudiado taquigrafía y máquina de escribir empezó a trabajar en Bunge & Born desde los 19 hasta los 23.

“Después de trabajar en Bunge & Born donde trabajé un año contesté un aviso de Palmolive. Mirá que particularidad, el que llamaba, el gerente de administración, llamaba unicamente a los que tenían buena letra, por ejemplo: llegan 20 cartas para taquígrafo dactilógrafo, el elegía las 5 mejores letras y de esos cinco el que entraba…. tenía buena letra!! Y cuando tenía 56 años me llamaron de Odol si quería ir a laburar donde terminé mi carrera pujilística”

Detrás de tantas máscaras existe una sola, la del verdadero, la del hombre que nos da la impresión de ser el abuelo tierno y empresario a la vez, habla con el mismo tono, pronuncia de la misma manera pero con la diferencia que no existen casetes de por medio. Una persona a la que no se le conoce nada en contra, siempre de buen humor, amable, atento, respetuoso y elegante, que siempre tiene una anécdota para contarnos, siempre una reflexión y buena voluntad en todo lo que se le proponga. Tangalanga es Tangalanga y la primera impresión sin máscara es una sensación de haber descubierto algo y sentirse privilegiado.

Hoy a los 82 años nada le gusta mas que compartir cenas, almuerzos o cafés con sus fanáticos, hablar de los llamados y contar alguna de la infinidad de anécdotas que le fueron pasando a traves de su larga vida. Tiene dos hijos, cuatro nietos y varios sobrinos, no se siente un artista porque dice que no lo es y cuando uno le pregunta si alguna vez pensó en ser tan conocido dice:

“No, y pienso como será un artista, vos cachás un Adrián Suar, debe vivir loco de la vida! Cuando me conocen la gente queda asombrada!! -dice asombrado- mirá el pibe que me dijo en el Bauen el año pasado, “-Tangalanga, usted para mi es San Martín!, yo le dije “-Pará pibe que San Martín era puto!” Otro chico me dijo, “-Le puedo dar un beso?” Me dio el beso y me dijo “-Ahora me puedo morir tranquilo!” Yo le quería conseguir un nicho así se dejaba de joder!

Tangalanga es un ídolo, -para los que lo sentimos asi- de esos que al conocerlo personalmente no nos defrauda, tiene la misma simpatía que sus distintos personajes, escucharlo hablar causa una fascinación asombrosa, es la necesidad de saber que se esconde detras de tantas cintas, delirios, frases, putedas y alguna que otra palabra soez. Sencillamente Tangalanga es uno, el original, el que nos hizo reir tantas veces, el que en muchas ocasiones nos levantó el ánimo con solamente escuchar sus llamados y del que siempre vamos a tener un casete a mano para hacérselo escuchar a alguien que TODAVIA no lo conoce.

Franco Puglisi-Allegra
Agosto de 1999